James McAvoy sigue mal de la cabeza este año -- y vaya que le sale bien, canalizando a un desquiciado Jordan Belfort de bajo presupuesto, pero sus excesos terminan siendo negativamente ruidosos y básicos. La película quiere invitarte a su mente, pero no es sino hasta el tercer acto que termina por meterte a la fuerza, cuando apenas llegamos a conocerle.
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